Querida amiga,
siento haber desaparecido tanto tiempo sin explicaciones. Me esfuerzo cada día en llegar a todo, pero sabes tan bien como yo que cuando tu equilibrio es precario, es fácil tropezar y acabar rodando montaña abajo.
Sigo sintiendo que ruedo, pero intento hacer que vuelva mi rutina, la que me hace feliz y me recupera del cansancio. El horario estable, el atender a mis gallinas cada mañana y desayunar en el escritorio revisando qué haré hoy... Y aunque por ahora, lamentablemente, seguiré expuesta a perder el ritmo y el pie, se supone que es un problema que se solucionará solo con el tiempo, cuando esto se estabilice.
Realmente estoy lidiando mucho con la autoexigencia, el cansancio ya empieza a preocuparme y las tareas se me acumulan creando un monstruo gigante que me castiga con la culpa. Estoy segura de que tú también has pasado por épocas similares, te lo cuento porque sé que tú me vas a entender. Lo que peor llevo es no descansar cuando duermo, porque estoy durmiendo poco, y estoy teniendo sueños angustiosos que me dejan más cansada de lo que me acosté.
Ojalá pronto pueda contarte que, al menos, esos sueños han desaparecido.
Te leo la semana que viene, amiga.