Slider

5-latest-800px-slider

Sections

Latest news

4-latest-400px-bloglist
Ir al contenido principal

Un comienzo, mi comienzo.

 Los principios de año en mi país suceden el 1 de Enero de cada año, pero para mí los años comienzan en septiembre. No estoy empezando este blog en septiembre, por supuesto, pero sí empecé todo esto en realidad en septiembre, de una u otra manera.

Los inviernos emocionales son parecidos a los inviernos en la naturaleza, porque parece que todo está en pausa, pero hay mucha vida en movimiento bajo tierra. Parece un descanso pero es una lucha y una acumulación de energía. Es poner la mesa para una cena familiar. ¿Por qué hablo de los inviernos emocionales así de repente? Bueno, es fácil: yo llevo desde septiembre de 2022 montando una empresa que aún no existe, no vende y no la conoce nadie... Pero, ¿cómo puedes llevar un año y medio creando una empresa que no existe aún? Bueno, porque está (como yo) en un invierno emocional. Te lo explico.

Ése septiembre tocó reformular mi vida de arriba a abajo a nivel físico: mudarme de ciudad, región, trabajo, hábitos, objetivos... Y pensé que si no sabía qué quería hacer con mi vida, bien me valía una cosa que otra hasta que lo descubriera. Así que me puse a trabajar en dos trabajos a la vez, precarios, para mantenerme y, a su vez, me compré un curso sobre arcilla polimérica para hacer en mi tiempo libre y aprender algo nuevo, porque había comprado un paquete de ellas para niños y quería aprender a usarlas.

 Me había fascinado la idea de crear bolas de navidad que me surgió cuando vi el folleto de instrucciones del paquete. Ése folleto sugería AÑADIR decoraciones a las bolas de navidad, pero a mí no se me ocurrió entender eso hasta muchos meses después. Yo entendí: "Puedes hacer tus propias bolas de navidad" y, aunque hacía años que no ponía decoración navideña en casa, se me abrió un mundo de posibilidades e ideas que me apetecía probar.

Así que, durante varios meses, tuve ésos dos trabajos al que agregué un tercero, mientras estudiaba varios cursos y videos sobre arcilla polimérica y hacía pequeñas pruebas con el material en mis ratos libres. Cometí, sin embargo, el error de no escucharme mucho a mí misma, no descansar y no cuidarme. Así que en verano, volví a empezar terapia, dejé dos de los trabajos y me centré en sobrevivir emocionalmente. No fue fácil, trabajaba en algo que me hacía profundamente infeliz y me hacía sentir profundamente sola. Me drenaba la energía y la motivación, además de limitar mi tiempo libre para ver a mis personas favoritas, quienes me ayudaban a restablecer ése sentirme querida tan necesario para mí.

Pasé el verano a duras penas, trabajando mucho por dinero y haciendo muy pocas cosas que me gustaran. Pero llegó septiembre, y aunque me agobié bastante por el dinero, bajó el ritmo de trabajo del verano, y podía sentarme a trabajar en mi idea de empresa, que ya tenía nombre y redes sociales, pero estaba abandonada. Era primeros de año para mí, pero seguía sintiéndome en invierno y sin avanzar. Pero sí lo estaba haciendo: sabía que algo andaba mal y estaba buscando como loca la respuesta, intentaba mantener una rutina con la arcilla y volví a tener dos trabajos, pero sentía que no cambiaba nada. Fue una gran amiga mía la que me ayudó a levantarme del barro. Me dijo verdades duras y me aconsejó desde la postura de quien ya ha pasado por algo similar. Me ayudó a señalar problemas que yo ya intuía que estaban ahí y no conseguía ver con claridad, me ayudó mucho a orientar en terapia mis esfuerzos a ésas partes de mí misma que necesitaba reajustar. Aún estoy trabajando con ellas, porque no es un trabajo que se haga en un día, pero ya estoy mucho mejor alineada con mis objetivos y soy más coherente conmigo misma. Si me estás leyendo: Gracias de corazón, amiga.

Ésas charlas duras me ayudaron a tomar decisiones que me asustan y a jugármelo todo a una carta: yo. Me estoy dando la oportunidad de creer en mí y demostrarle a una vocecilla mental que tiene pánico a no ser suficiente y no ser capaz, que no tiene razón con ese miedo, que sí soy capaz y suficiente. Así que, aunque no fue exactamente como el anterior septiembre, porque ha sido mucho más sutil e interno, sí que ha sido un año nuevo éste septiembre de 2023, porque en él empecé a buscar más a detalle qué estaba mal, sabía qué era lo que no estaba haciendo bien y cómo debería hacerlo para que sí funcionara, y además conté con ayuda para ver por qué no estaba siendo capaz de hacer ésos cambios: el miedo. Y me encantaría encarnar a María Peláe en su canción Letra Menúa, cuando dice "cuando me dijeron niña tu no vales, yo tenía puestos los auriculares", porque entiendo ésa sensación tan fea cuando alguien te dice que no eres suficiente, sea quien sea quien lo diga (y lo difícil que es que no te lo creas aunque sea sólo por un momento). Con el pasar de los meses y semanas, empecé a cambiar ciertas actitudes y a conseguir más constancia y trabajo efectivo, pero sigo estando a medio camino de todo, en un invierno que parece que no se acaba, y un movimiento que parece que no se hace, una flor que parece que no florece... Pero ahora me estresa menos esa apariencia, porque sé que estoy trabajando en mis raíces, tomando fuerzas e impulso para empezar a sacar el brote fuera de la tierra. Y espero que cuando éso pase, podáis verlo todos.

Tengo muchas ganas de decir que el próximo septiembre lo alcanzaré estando en una primavera emocional. Ojalá pueda hacerlo, pero no importa si no lo consigo, seguro que aunque no lo alcance en primavera, sí que estaré más cerca de ella que el septiembre anterior. Y éso ya es un gran logro, porque demuestra un avance y un movimiento que no se podría conseguir sin muchísimo trabajo y esfuerzo. Porque ya lo dijo Antonio Machado: se hace camino al andar. Y éste es el mío. Y ésta es la historia de su comienzo.

Soy ecléctica y de mirada profunda, de pensamientos errantes y con unos valores muy definidos, amo aprender y hablar, así que también amo contarte lo que aprendí.

Comentarios