Querida amiga,
Esta semana ha sido un poco amarga. No estoy concentrada y me desubico fácilmente. Es normal, todo ese rollo de que somos cíclicas y bla, bla, bla. Sigue siendo un peñazo aunque sepa que voy a estar más cansada. La cuestión es que no he acabado ni una sola de las tareas que empecé a lo largo de la semana. Y lo he intentado con todas las fuerzas que tengo.
Tampoco ha ayudado que en el sitio en el que vivo el tiempo se haya desquiciado y lleve lloviendo sin parar semanas. No me importa la lluvia, me gusta. Lo que me trae por el camino de la amargura es que mis perros no pueden salir al patio a jugar, así que se quedan en casa y se ponen bastante pesados.
Las semanas como esta se sienten como una derrota, porque siento que no hice nada. Y que no lo hice porque no quise o por pereza. Qué duro hablarse así a una misma, y más sabiendo que no es verdad. De hecho, ahora mismo llevo 2 horas usando pantallas y ya veo doble. Es momento de parar, pero todo el trabajo que tengo a medias (o casi) es con pantallas.
Ojalá tener un equipo que pudiera remar cuando yo no soy capaz.
¡Ah! Casi se me olvida, esta semana he decapitado a Jasper. Pero ya vuelve a tener la cabeza "sobre sus hombros".
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