Querida amiga,
Esta semana ha sido un tanto extraña. No he tenido desmotivación todo el rato, sino sólo unas horas de un único día, pero me llevó a replantearme todo lo que hago. A la vez he estado contenta porque he acabado cosas, investigado ideas y por fin le he dado una forma decente a esta web.
La verdad es que mi foco está disperso en varios proyectos simultáneos, así que estoy poniendo toda mi fuerza de voluntad en acabar algunos proyectos como el de mejorar esta web para poder dedicar mi energía completamente a lo que quiero empezar nuevo. Pero no es que pretenda reemplazar un proyecto con otro, sino que mi idea es reducir el número de proyectos simultáneos. Cuando un proyecto nace necesita un sistema que le sostenga, y en ese paso se tarda mucho, así que estoy intentando que se asienten los sistemas que ya tengo entre manos para poder hacer sitio a otros proyectos nuevos sin volverme loca.
Lo sé, suena a quimera. Por lo pronto yo voy a intentarlo, porque de verdad necesito acabar tareas para centrarme en las nuevas. Y por el camino estoy aprendiendo muchísimo, que ya sabes que me fascina. Me tengo que controlar para seguir tomándome los descansos necesarios, el tiempo para estar con mi gente y también hacer cosas que me nutren y que no dan ningún beneficio económico. Por supuesto, esta medida de autoenfoque ha conllevado cambios como que he anulado por ahora los directos de los jueves, porque necesito de verdad más tiempo para trabajar fuera de cámara. No sé si los retomaré en el futuro, pero necesitaba el espacio para otros proyectos y acabar tareas, como por ejemplo hacer fotos a algunos productos y poderlos publicar en la tienda provisional.
El tener muchas ideas es a veces así de complejo de gestionar, pero también otorga la paciencia necesaria para escucharse a una misma y ver las prioridades claras y poder seleccionar a qué le dedico tiempo. Por ejemplo, para mí si un proyecto se empieza, aunque la idea fuese de prioridad muy baja, pasa a ser muy relevante. Porque es una forma de darme a mí misma un poco de orden: lo empiezas, lo acabas. Rara vez me dejo abandonar una idea que he empezado a hacer realidad.
Ser exigente y perfeccionista no es algo que yo note que funcione cuando eres tu única brújula de trabajo: tú tomas todas las decisiones y apechugas con las consecuencias. Lo que sí me sirve es ser justa conmigo misma y mis ideas, y si le dedico tiempo ha de significar que voy hasta el final, porque me tengo en alta estima y si considero importante empezar algo, debe acabarse porque fue importante para mi criterio en ese momento.
Supongo que a todos nos pasa a veces que la cabeza trata de dar muchas ideas nuevas y de mantener un control para gestionar el estrés con un ritmo razonable, pero no quería evitar el tema porque sé de buena tinta que a muchas artistas y artesanas les pasa igual, y hay que normalizar el ser humana y creativa a partes iguales. Estoy deseando comprobar cuántos proyectos consigo acabar de aquí al viernes que viene.
Nos leemos el viernes que viene, amiga <3