Querida amiga,
Espero que tu semana haya sido suave y sin dolores de cabeza.
La mía ha sido bastante normal. Y casi ni yo me lo creo. He hecho muchas de las cosas que me tocaba hacer, incluso las que suelo postergar y procrastinar. Y he puesto un granito de arena en cada proyecto que necesita avanzar, lo que me acerca más y más a terminarlos.
Estoy feliz, porque me siento cansada pero estoy poniendo de mi parte para conseguir mis metas. Y ese cansancio mola.
También tengo muchas ganas de fin de semana, de ocio y de vida social. Ojalá mi amiga Jesica estuviera aquí para poder pasar una noche bailando con ella.
No hay mucho que contarte esta semana. Aunque se ha hecho difícil el organizarme y mantener la autoexigencia en volumen bajo, he avanzado en cosas y me siento orgullosa de cómo estoy siendo capaz de trabajar en todo. He de admitir que me preocupa un poco acostumbrarme a este ritmo de estrés y después no saber trabajar en una cosa a la vez, pero confío en la Ana del futuro para cruzar ese puente cuando sea el momento. No voy a complicarme la vida intentando solucionar problemas futuros porque ya hay bastante trabajo a medias por el taller ahora mismo.
Por cierto, este domingo el rastro cambia de ubicación ligeramente, y se quedará en la explanada de los cacharritos -al menos hasta después de la Feria del Caballo, en mayo-. Cambia la organización de los puestos y aún no tenemos sitio fijo, así que será un pequeño caos hasta ubicarnos.
Yo, en el fondo, estoy deseando ver dónde nos toca. Me gustan las mudanzas. Traumas infantiles, nada grave, lo juro.
Bueno, si te animas a escribirme cómo te fue la semana, te leo en los comentarios.
Hasta la semana que viene, amiga.